Cuando vivimos una emoción negativa, nuestra atención se centra en los pensamientos que mantienen esa emoción activa y si continuamente le damos vueltas a esos pensamientos, fortalecemos las emociones. pero, sin embargo, si pensamos menos en el suceso que hizo aflorar la emoción negativa, esta disminuye. Vemos en este hecho cómo emoción y pensamiento ésta estrechamente ligados.
Las emociones no se pueden cambiar, pero ya que emoción y pensamiento van juntas de la mano si cambiamos de pensamiento podemos regular tanto nuestras emociones como nuestras acciones,
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